¿Crees en dios?


¿Crées en Dios?

La pregunta llega a los oídos atentos y no deja de incomodar la  cómoda realidad de muchos. Algunos consideran que el Ser Supremo es igual a Dios. Sin embargo, otros muchos mantienen una interpretación más compleja o filosófica. Algunos de tendencia librepensadora definen a dios como energía, instancia superior, conciencia elevada. Otros se definen como creyentes en un ser superior; en fin una variedad de definiciones como cuan diversa es la procedencia.

Sabemos que, desde que la humanidad existe  se ha intentado explicar esa Fuerza de innumerables formas. Todas las filosofías procuran en verdad esta respuesta, muchos la llaman la divinidad, otros la llaman la Eterna e Infinita Energía, otros simplemente la Materia, pero todos reconocen su existencia. Otras, sin embargo han buscado una denominación universal tal como, “Uno” o “Gran Arquitecto del Universo” pues de esta manera permite a todos reunirse bajo el concepto en la procuración de una respuesta.

El concepto de divinidad es algo que ha separado y dividido [AADR1] a los seres humanos en la historia, ya que existen líneas de pensamiento absolutamente contrapuestas, desde aquellas que afirman que el hombre inventó a Dios para aliviar el miedo y sostenerse frente al dolor e incertidumbre de la existencia, hasta aquellas que hacen de sus seguidores capaces de inmolarse por la fe de una verdad revelada, ante la promesa de una vida paradisíaca eterna y  plena.

No cabe duda de que para muchos seres humanos, la creencia en un Ser Superior cumple un papel de apoyo y explicación frente a lo desastrosos que suelen ser los caminos de la vida, sobretodo en regiones del planeta donde las carencias de toda índole reinan. Por otra parte, en tiempos en que la razón-materialista  gana terreno, constituye para muchos el modo sensato y civilizado de pensar, el hecho de que Dios es una creación ficticia del ser humano, siendo este punto cada vez más aceptado, quizás como nunca en la historia.
Sin embargo, también podemos pensar que la idea de Divinidad ha estado siempre presente por la percepción, intuitiva primero y reflexiva después, que los hombres han tenido de una Totalidad, una Presencia, un Orden, una Armonía, una Fuerza que impulsa, que está presente en todo lo que existe y, al mismo tiempo, trasciende a toda existencia.
Es probable que el concepto de una divinidad exterior, como un mago, que crea al universo y desde su espacio vela, gobierna y rige al ser humano, ya no sea suficiente hoy para el nivel de conciencia de muchas personas. Sin embargo, este Dios como un juez, o como una voz exterior que me ordena qué hacer con mi vida, que me dice qué es bueno y malo, todavía sirve a un gran porcentaje de personas que necesitan de barandas y límites externos para conducir sus vidas. Sin embargo, hay una minoría creciente a quienes esta idea de Dios se les hizo estrecha y se cierran a la posibilidad de una existencia divina.

Quizás el problema no tenga que ver con el reconocimiento de este Uno y Todo que mueve inteligentemente al universo y a la vida, sino con la idea que tenemos de ello. Quizás lo primero que habría que decir al respecto es que la idea que tenemos de Dios no es Dios[AADR2] , es sólo un concepto, una forma mental susceptible de ser ampliada, y de hecho éste ha ido mutando de acuerdo con la evolución intelectual de los tiempos. En épocas remotas, la divinidad fue mitificada y sentida como las fuerzas vivas de la naturaleza que eran entendidas como divinidades. Luego, la idea de divinidad fue transferida a la diosa Madre, luego a los múltiples dioses (como los griegos o romanos), luego al Dios monoteísta, primero concebido como un juez severo y luego como un padre bueno, siempre hemos buscado un modo de dar definición a eso que en filosofías más profundas es entendida como la Gran Armonía o la Gran Inteligencia en movimiento.
Eso que está entramado y es inseparable de su manifestación. Eso que mueve a la evolución. Eso que de alguna manera nos impulsa a trascender nuestro estado actual, que constituye nuestra esencia, pero que estamos lejos de reconocerla o manifestarla. El ego humano, aquello que nos lleva a vivir defendiendo o atacando, prisioneros de una imagen, condicionados por nuestros miedos o rencores, limitados por nuestros conceptos, de pronto nos impide despertar a una conciencia que reconozca a lo Uno detrás de toda diversidad.

Ese ha sido y será el camino del hombre, nuestro camino, algún día tal vez seremos conscientes de nuestra esencia divina, de nuestro origen y así podamos acercarnos intelectualmente a ese Ser trascendente o conciencia Suprema que mora en lo profundo de nosotros.


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