EL TRABAJO DESDE EL PUNTO DE VISTA RELIGIOSO Y FILOSÓFICO


“Por momentos tengo la impresión de que mi vida y mi trabajo comenzarán desde ahora; otras veces, en cambio, me parece que he trabajado pesadamente por más de ochenta años y que ya tengo derecho al reposo y a la paz.”

Esta frase del libro Camino Interior de Herman Hesse, refleja el paradigma en el cual, al pertenecer a esta sociedad, nos vemos atados de manera sutil pero real desde nuestro nacimiento.  Atadura cuyos hilos han sido analizados desde el comienzo de los tiempos por filósofos y teólogos tratando de hacerlos propios, asociándolo a la libertad los primeros y a la purga del pecado y búsqueda de la redención los segundos.

En el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra Trabajo tiene acepciones que reflejan las posturas mencionadas, a saber:

- Obra, cosa producida por un agente o por el entendimiento.
- Dificultad, impedimento o Penalidad, molestia, tormento o suceso Infeliz.

Dado entonces que la contraposición parece ser el punto de partida y que es posible que las partes conformen el todo, tomaremos la argumentación de ambas corrientes y las trazaremos para ver si la norma se cumple.

Para lo anterior y dada la cultura que nos rodea, comenzaremos por el inicio, es decir, por el génesis (3), donde en sus versículos 17 al 19 se devela el motivo y el castigo que nos marca desde nuestro nacimiento:

17  Al hombre le dijo: «Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida.

18  Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo.

19  Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás.»

Entonces, el hombre al buscar satisfacer su curiosidad y seducido por la posibilidad de poseer la verdad (o conocimiento) desentiende las recomendaciones del Dios creador y es expulsado del paraíso para vivir de su propio esfuerzo, sufriendo para conseguir el alimento. Una tarea dificultosa y sin embargo soportable, común y corriente, repetitivo, algo que sustenta y que a la vez desgasta la vida, inevitable y a veces alienador insertándonos en la disponibilidad de otros, en el ritmo que está preestablecido, un aporte a la meta común que ninguno de nosotros se ha fijado sólo; es decir, obediencia y abandono de si en lo colectivo.

Con lo anterior la teología del trabajo nos dice que el trabajo sigue y seguirá siendo tal: la penosa uniformidad, la abnegación de las propias demandas, lo cotidiano. Tal como dicen las escrituras: manifestación de la vulnerabilidad de nuestra existencia a la caída en culpa, expresión de la desarmonía que se da en nuestra existencia – y que sólo Dios puede superar- entre lo interno y lo externo, entre libertad y necesidad, entre cuerpo y espíritu, entre individuo y comunidad.

Sin embargo, esa manifestación del pecado, que es en consecuencia del mismo pero (atención.. aquí viene el giro) no pecado en sí misma, se ha convertido para aliviar la carga y justificar sus motivos, en Cristo, también manifestación de la salvación. Y, de acuerdo al teólogo que nos inspira en estas líneas, esto vale no sólo para la muerte, expresión más radical de la culpa, sino también vale para el trabajo en la penuria, en la cotidianidad y abnegación. No por si mismo, pero si por la gracia de Cristo, puede llegar a ser una práctica de aquella actitud y convicción a la que Dios puede, si eres constante, abnegado, fiel y responsable (todas expresión del amor ¿o sacrificio?), regalarte la vida eterna.

Entonces, desde el punto de vista teológico, el trabajo es fuente de desdicha, alienante, perpetuo y penoso, manifestación y recordatorio diario del error cometido por Adán y Eva al querer alcanzar el conocimiento por sí mismos. Carga que solamente podemos soportar con el trabajo “hecho en el señor”, es decir para el Señor y por el Señor, como preámbulo de la penitencia necesaria para la salvación.

No obstante lo anterior, en la Doctrina Social Sobre la Economía de la Iglesia Católica, establece en el punto 3.1 “Dimensiones del Trabajo” que: El trabajo ocupa un lugar central en la vida humana y constituye un instrumento de perfección del hombre. El hombre transforma la naturaleza y, a su vez, se realiza a sí mismo como persona. El trabajo, como expresión y perfección de la naturaleza y del hombre tiene una dimensión personal; otra dimensión es la familiar; y en cuanto perfección y humanización del cosmos tiene una dimensión cósmica.

Juan Pablo II diferencia el plano objetivo y subjetivo del trabajo. En su dimensión objetiva el trabajo es exclusivamente tarea humana, y el fin del todo proceso productivo es también el hombre. Por ello la dimensión subjetiva del trabajo se impone sobre su carácter objetivo.

Sin embargo, en el punto 3.2 “Dimensión Teológica y espiritualidad del trabajo” nos acercamos a la comunión de los conceptos ya que en la “Laborem Excercens”, nos recuerdan que el trabajo alabamos a Dios y nos desarrollamos espiritualmente, colaborando con Dios en la “Obra Creadora” y la fatiga, producto del pecado original, nos hace colaboradores en la “Obra Redentora” y por tanto la resurrección da sentido al trabajo que nos prepara para los nuevos cielos y nueva tierra, santificándonos a través de la oración constante y cotidiana.

En este ir y venir de conceptos , donde al parecer estamos prisioneros en un ciclo que recuerda la visión teológica de Nietszche donde nos sugiere que  Dios al final de su jornada de trabajo, se tendió bajo el árbol del conocimiento en forma de serpiente: ya que así descansaba de ser Dios, nos puso a prueba y nos dejo bajo “libertad vigilada ”. En otros textos encontramos visiones similares pero sin el peso del castigo ni penitencia divina tal como lo expresa Buda en sus recomendaciones para una “Subsistencia Correcta” donde el trabajo realizado semana a semana, repetitivamente por muchos años hasta llegar a la jubilación, indudablemente tendrá un efecto sobre nuestra mente. Si el trabajo que realizamos es malsano, en el sentido moral, mental y espiritual, el efecto sobre nuestra mente será perjudicial y por lo tanto es recomendable la “Subsistencia Correcta” donde el trabajo no perjudica nuestra mente ni a los demás, lo cual será provechoso permitiéndonos elevar el nivel de conciencia.

Desde el punto de vista Filosófico, encontraremos posturas similares a las planteadas por la religión occidental, pero donde el castigo divino es reemplazado por la incapacidad de algunos hombres de desalienarse y elegir el camino de la libertad.

Es así como Aristóteles plantea el trabajo como uno de los tres componentes necesarios para evitar el crimen (El frío con un Hogar, el Hambre con el Trabajo y los Deseos con la Templanza).

Platón nos indica que el trabajo y su división es parte del origen de la sociedad ya que esta se forma por la necesidad de cooperación entre los hombres para la subsistencia, siendo esta división progresiva en la medida en que la sociedad crece y las necesidades se hacen presentes, quedando los cargos públicos relegados al momento en que el territorio es insuficiente y surge la necesidad de atacar a los vecinos, donde aparecen las fuerzas públicas y por último los gobernantes.

Inevitablemente el desarrollo de la sociedad lleva a la mediación de las necesidades y la satisfacción del individuo por su trabajo y para el trabajo y la satisfacción de necesidades de todos los demás, haciendo que la sociedad y su accionar esté sometida a un sistema de necesidades, en el cual el hombre transforma la realidad para satisfacer sus necesidades físicas y espirituales, siempre evitando la transformación en una sociedad de la explotación, donde el trabajo se vive como una experiencia alienada y no como una actividad de autorrealización, donde el principio de movimiento del hombre, impulsor de la creación sea generador de perfección y por tanto libertad, tal como se manifiesta en  la Constitución Masónica en su artículo segundo:“que el Trabajo, en todas sus manifestaciones, es uno de los deberes y uno de los derechos esenciales del hombre y el medio mas eficaz para el desenvolvimiento de la personalidad. Lo exige a sus adeptos como contribución indispensable al mejoramiento de la colectividad” Dado lo anterior, podemos desprender perfiles relevantes del trabajo desde la concepción masónico -filosófica:

a) Es una manifestación de la personalidad humana. El hombre destruye el ocio, los vicios y fortalece su voluntad y despierta en su propio ser.

b) Es un deber. No es maldición ni castigo sino un imperativo de la conciencia que el hombre debe cumplir, por respeto a si mismo y sus semejantes.

c) Es un derecho. Como facultad, el hombre puede adoptar la actividad que más se conforme a su capacidad y aptitudes.

d) Tiene un fin social. Debe propender al bienestar de la colectividad

CONCLUSIONES

La tradición oral heredada desde la postura religiosa (católica principalmente) nos ha regalado el paradigma de que el trabajo sin sacrificio y sufrimiento no tiene recompensa ni es valioso, asociando la constancia y la perseverancia al sufrimiento, desechando la inteligencia, la capacidad creativa, la posibilidad de decidir, diciéndonos en cada paso que la forma de aliviar el camino es la conformidad que brinda la religión como si fuese un plan urdido para el divertimento de Dios.

Desde la mirada humanista, el trabajo es un derecho y un deber del hombre, motivador de su energía creativa y camino a la autorrealización a través del cual se desarrolla el potencial y por ende se alcanza la libertad.

Sin embargo, si nos atrevemos a juntar las partes para hacer un todo, como planteo al inicio de este texto y desapegamos tanto la concepción religiosa, como la mirada de alienación social planteada por Marx (en este caso dos extremos similares) nos damos cuenta que en esencia el planteamiento del trabajo es el mismo…es un derecho y un deber, va desde el hombre hacia el hombre, perfeccionándolo tanto física como mentalmente, influyendo en su entorno social, tan fuerte y tan débil como el propio hombre que lo ejerce, siempre a medida de sus capacidades, aptitudes y determinación.

Androcles, 12 de Diciembre de 2006.

Bibliografía:

Biblia de Jerusalem,Dicc RAE,Revistas Masónicas,Artículo Budista sobre Subsistencia Correcta, Sangharákshita.La Política, Aristóteles.Camino Interior, Herman Hesse.

Utopía, Tomás Moro.Así Habló Saratustra, Nietzshe

Ecce Homo, Nietzshe.La República, Platón.

Principios de Filosofía del Derecho, Hegel.Textos Teológicos de Kart Rahner.Doctrina Social sobre la Economía

Historia de la Filosofía, Volumen 3, Karl Max.

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